El Bautismo de Jesús


En el relato del bautismo de Jesús que nos cuenta Lucas en el evangelio, aparece Jesús que se acerca, como un hombre cualquiera, hasta donde Juan y pide el bautismo, es decir, se pone voluntariamente del lado de los pecadores que van en busca del perdón, descendiendo con ellos en las aguas de la muerte y volviendo a subir hacia una vida renovada. La curación, la sanación de las heridas, principalmente comienza a realizarse desde el interior del ser humano, para después poco a poco ir transformando la condición humana. Un acto de solidaridad como el que realiza Jesús, por medio del cual quiere compartir la misma “suerte” de los culpables, destruye todas las barreras divisorias que nosotros nos empeñamos en construir. Y está solidaridad llevada hasta el extremo, tiene su expresión en el Misterio Pascual: en la cruz y en la resurrección.

En la narración evangélica, la gente está en una actitud de “expectación”, de espera por algo que se había prometido, la venida de un Mesías. Si en el relato de la Adoración de los Magos, es una estrella la que señala e indica donde está el Mesías, en esta ocasión es la voz del Padre y la bajada del Espíritu, quienes indican a Jesús como Mesías, como enviado del Padre.

Esta teofania es importante, porque en cierto modo, Dios está haciendo una presentación de quien es este enviado y para qué es enviado: “este es mi Hijo amado, escuchadle”. Aquí se desvela que Dios está íntimamente implicado en la vida de Jesús como no lo estaba con ningún otro. Es una escena en la que lo que está en juego es la consagración mesiánica de Jesús y a la vez es una de escena de vocación donde Jesús responde con un sí a la misión y a la relación filial que mantiene con Dios.


En la narración se esta expresando una nueva forma en la manifestación de Dios, totalmente diferente hasta como anteriormente Dios se había manifestado al pueblo de Israel, como indicando que con la llegada de Jesús se está dando una situación totalmente nueva. “Algo nuevo está ocurriendo...”. Dios está presentando a su Hijo, y lo está confirmando en su misión con el envío del Espíritu Santo. Es el comienzo de una nueva era, donde el Reino de Dios ya a llegado, donde la justicia y el amor, forman parte de los pilares fundamentales de la “hoja de ruta” que propone Jesús, el Hijo de Dios.

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