Vivir en sociedad...¿elegir amar?

Os dejo una reflexión que hice sobre como optar hoy en nuestra sociedad por el amor. Quizá nace como fruto de todas las injusticias que se "palpan" en nuestro mundo, e incluso de mis experiencias personales de frustración, de desencanto... pero tambien en esta reflexión esta presente, esos momentos "felices e ilusionantes" que han dejado huella en mí, y los momentos de alegria y de ilusión que podemos encontrar en cualquier rincon de nuestro planeta, que nos hacen tener "esperanza" y vivir el dia a dia con ilusión cuando se "elige amar".
El ser humano, de por sí es un ser complejo, a la vez que admirable y sorprendente, pero que necesita ante todo vivir en comunidad, en sociedad, en grupos, en familia… Pero ¿Por qué necesitamos estar rodeados de personas, de estar insertos en una realidad social? En definitiva, porque “ser hombre, es ser con los demás”, y esta relación con el tú no es solo una relación entre las demás, sino la “relación por excelencia[1]”, como diría M. Buber. Es en esta relación interpersonal, -desde la perspectiva cristiana-, donde nos encontramos con Dios.

Sabemos que el ser humano es capaz de todo, es capaz de hacer todo el mayor bien, pero también de hacer el mayor mal. Y eso lo percibimos continuamente en nuestras relaciones interpersonales, bien sea con familiares, amigos o conocidos. Seguramente, en mayor o menor medida, todos guardamos experiencias –sorprendentemente buenas y desagradablemente malas- en la que unas veces, nosotros somos los protagonistas de esos “encuentros” y “desencuentros”, y otras veces nos “pillan” por casualidad.

Lo que es evidente, es que a ninguna de las partes, esas acciones pasan desapercibidamente. Son experiencias que nos “marcan” una huella que puede ser muy positiva, genial, magnifica, casi de “éxtasis” o todo lo contrario negativa, dolorosa, a veces tan profunda, que es casi imposible de poder borrar y necesita de ser “curada”.

Y es que en realidad, solo las personas que amamos tienen la capacidad de poder darnos lo mejor o de hacernos sufrir, tienen el poder de herirnos y a la vez de curarnos. Esas personas se convierten en el reclamo de la necesidad del perdón. En el fondo de todo esto, es haber elegido amar, lo que nos convierte en seres vulnerables y débiles[2].

Entonces, ¿por qué elegir amar, si nos hace débiles ante los demás?¿por qué elegir amar, si el corazón se llena de heridas que después son difíciles de curar? Elegimos amar, porque sin el amor ¿para qué vivir?. Es el amor el que mueve nuestras vidas, es el amor el que nos hace vivir desde nuestro ser hijos de Dios. Es que sin la realidad del amor no tendría sentido ni hablar del perdón, y mucho menos de hablar de vivir en reconciliación con los demás.

Necesitamos vivir el amor. Solo desde ese “vivir el amor”, es entonces que podemos llamar a Dios como Padre-Madre, al enemigo como hermano, al forastero como amigo… Es solo desde ese “elegir amar” que puedo perdonar y acoger de nuevo a aquel qué me ofendió, y vivir los mismos sentimientos, -que el “padre” del hijo prodigo- cuando ‹‹le vio, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó›› (Lc 15, 20). Este es un fruto de esa experiencia de haber optado por el amor: que nos hace débiles, es cierto, pero también nos que hace fuertes para volver a confiar y “ensanchar” el corazón. Cuando nos reconciliamos, nuestro corazón cambia poco a poco (cfr. Mt 5, 44) y aquello que vivimos en nuestro interior se palpa en nuestra propia vida.

‹‹Reconciliarse es amar, perdonar… y expresarlo con la propia vida. Es también estar atento a permanecer en la compasión y la bondad de corazón[3]››

En nuestra sociedad, “elegir amar” supone un gran reto, a veces casi una hazaña propia de héroes. Pareciera como si fuera imposible tomar esta opción en nuestra vida. Nos pesa demasiado el poder, el egoísmo, nuestra individualidad, somos capaces de mirar a otro lado ante las injusticias que se cometen contra los demás seres humanos… podríamos añadir mucho mas a esta lista, pero si realmente nos “vivimos” y sentimos como hijos de Dios, al igual que Jesús de Nazaret, tomaremos una decisión: “elegir amar” como opción de realización personal en nuestra sociedad.
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[1] Cfr. Joseph Gevaert, El problema del hombre. Introducción a la antropología filosófica, Sígueme, Salamanca 1976. Pág. 41
[2] Cfr. José Miguel de Haro, En el deseo y la sed de Dios. Desde las cartas del hermano Roger de Taizé, PPC, Madrid 2003. Pág. 101
[3] Ibíd., Pág. 127

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